Type to search

“Pura Finísima Persona” Por: Claudia Tellaeche

Reporte 369

Columna Destacados

“Pura Finísima Persona” Por: Claudia Tellaeche

Compartir

En la fila del Oxxo

-¡Quihubo! ¿Cómo te va con los aironazos?

– Uuf tremendo, desprendió una lámina del puesto del pollo y casi deja descabezado al dueño

– Yo venía en carretera y vi que tiró un anuncio espectacular

– ¿De quién era? Para saber si cayó de puros cachetes, de dientes o de frente

– Ja ja ja, pues nomás alcancé a ver un cacho de una camisa, no se

-Andan bravos promoviéndose los aspirantes a la gerencia de Chihuas

– Pues sí, ellos sacando anuncios y la raza sacándoles trapitos al sol

– Ya no se trata del más limpio, si no del menos embarrado

– El mejor será el que demuestre ser el menos peor

Aah raza!

 

De no poco tiempo a la fecha, se han empezado a ver anuncios espectaculares, fotografías de gran formato y muy bien “retocadas”, de funcionarios que han declarado su intención de llegar a la gubernatura, en lo que la autoridad electoral les dice que no está bien, que les marca el alto, que los apercibe por considerar sus acciones actos anticipados de campaña; las encuestadoras y redes sociales han acelerado actividad.

Ya sea que fulano vaya ganando por una nariz, que sutano le lleve delantera por dos centímetros de cachete o mengano avance por media mazorca, todo constituye alimento para el gusanito del morbo. Que si este es chapulín, que si aquel es un arrastrado, que el otro vive en las nubes, más lo que se acumule esta semana, en el concurso de ver quién es la más finísima persona, parece que escarban para abajo en lugar de escalar, nomás no quedan bien parados.

Me viene a piso “Las Reputaciones”, de Juan Gabriel Vázquez, un colombiano muy bogotano que te lleva a devorarte página tras página, como si te dijera: “Anda, muévete, deglute lo que lees, piensa”, un texto publicado en 2013, dinámico, movido, como un perro queriéndose morder la cola.

Es la historia de Javier Mallarino, una leyenda viva, el caricaturista político más influyente del país, un hombre capaz de causar la revocación de una ley, trastornar el fallo de un magistrado, tumbar a un alcalde o amenazar gravemente la estabilidad de un ministerio, y eso con las únicas armas del papel y la tinta china.

Los políticos le temen y el gobierno le hace homenajes. A sus sesenta y cinco años, después de cuatro décadas de brillante carrera, puede decir que tiene el país a sus pies. Pero todo eso cambiará cuando reciba la visita inesperada de una mujer. Tras remontarse con ella al recuerdo de una noche ya remota, Mallarino se verá obligado a revaluar toda su vida, a poner en entredicho su posición en este mundo.

Mucha gente, en la carrera de llegar a donde sueña llegar, pisa a algunos, toma atajos ilegales, recurre a triquiñuelas, una serie de cosas que en un vuelco traicionero de la vida -que da muchos-, pueden terminar en la hoguera social y ésta, es una condena colectiva que puede dejar heridas que ardan para siempre.

En esta novela, Juan Gabriel Vásquez vuelve sobre sus más intensas obsesiones: el peso del pasado, los fallos de la memoria, la manera en que se cruzan nuestras vidas con el mundo político. Pero es también una novela sobre la importancia que tiene la opinión en nuestras sociedades.

Los tiempos se acortan, ya veremos cómo los aprovechan los suspirantes a pastorear a los chihuahuenses durante el próximo sexenio; ya más entrados en la senda de la contienda, verán que es una vereda muy parecida a la casa del jabonero.

Dijo Don Severito: “En eso de la polaca pueden quedar en el camino los que se ahorcan con la lengua o se manganean con calzones ajenos”