-¡Quihubo! Casi ni te conocía, está en penumbras la tienda
– Sí, he visto que también en oxxos están poniendo tablones en las ventanas
– Pues es que a medida que no se encuentran respuestas, aumenta la desesperanza y el enojo, es lo que se ve marzo a marzo
– Puedes estar o no de acuerdo, pero a cada quien le arde su propio pellejo
– Pues sí, pero cuando quiebran vidrios, por ejemplo, no miden que dentro de los edificios hay mujeres trabajando, como en el super, también es agresión (interviene la cajera)
– Tiene razón, es el clásico pagan justos por pecadores, pero es que también es cierto que hay hombres muy abusones
– Lo más gacho es que a casi todos nos cría nuestra mamá, si ya nos están moldeando, pues que sea para empezar por la casa ¿no?
– Es muy complejo, y pues ni pa qué criticar, como dice Don Severito: “Solo el burro que trae la carga sabe lo que pesa”
Aah raza!
Ha iniciado marzo, “mes de la mujer”, con el consabido desfile de eventos, discursos, marchas, acciones y reflexiones sobre la dicha de ser fémina, el derecho a ser respetada y la obligación de que nos respeten y demás hierbas, como el consejo de buscar y encontrar la felicidad a través del amor de un hombre, entre otras cosas.
En “Historias de Mujeres”, de Rosa Montero, mi escritora española favorita, ella dice: “Hay gente que le llama amor a cualquier cosa”, tiene razón. Las mujeres enamoradas somos capaces de pasar de ser brillantes por sí mismas a ser la pieza más gris del engranaje de la vida y hasta la obra de un hombre. Ellos no nos roban nuestros sueños, (ni nadie, pero el tema que me ocupa son las relaciones de pareja, que a veces no lo son tanto) lo que sucede es que a veces los dejamos a un lado para apuntalar los de ellos, que terminan enterrados o peor aún, cambian de protagonista.
Zenobia Camprubí, esposa del narrador Juan Ramòn Jiménez, flamante autor de Platero y yo, una gran burrada (porque es la historia de un tierno asno), que, perdón pero es lo único que le conozco; se auto anuló dentro de sus habilidades y posibilidades creativas para ser simplemente compañera y personal de apoyo de su marido, de jovencita publicaba cuentos y escribía poemas de una calidad literaria por mucho superior a su marido, en su diario cuenta como Juan Ramòn rompía en pedacititos los borradores de los poemas que ella le mostraba! claro, para no dejar posibilidad de que lo opacara, un gran neurótico el tipo, pero…ella lo permitió.
Se ha comentado que Elena Garro tenía mejor estilo que su marido Octavio Paz, pero él no le iba a permitir se notara y lo opacara. La escritora catalana Mercè Rodoreda, casada con un patán menor que ella, estuvo siempre sujeta a la crítica y el demérito de su obra, hasta que fortuitamente se enteró que los textos que su lindo esposo le decomisaba para destruirlos “para que no pasara por la vergüenza de publicar esa basura”, él los publicaba con su firma e iba ganando buen nombre como escritor.
De Camille Claudel se ha documentado también que el Maestro Rodin le robó o se apropió de varias obras, una vez que ella había hecho el trabajo sucio, cuando ella terminó pobre y loca, él simplemente se volcó en el gozo de su “muy merecida” fama y gloria. Hay una gran cantidad de narraciones que nos dan muestra de lo que nos puede tocar si nos ponemos en el “tocadero”, de los sucesos desagradables que podemos vivir si no sabemos definir lo que realmente queremos y buscar los canales correctos para procurar y en su caso exigir, lo que es correcto para tener una vida de real igualdad y libre de violencia.