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“El Silencio Digital” Por: Nathalia Tostado

Reporte 369

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“El Silencio Digital” Por: Nathalia Tostado

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En el libro La información del silencio, Álex Grijelmo afirma que “Si se silencian datos relevantes, se miente” y que “el silencio también habla, y que el silencio puede mentir”. Explica que la manipulación informativa se produce al omitir información crucial.

Imaginemos esto: un día te despiertas y tus apps favoritas –TikTok, Instagram, X (antes Twitter)– están bloqueadas. No por un error técnico, sino por un decreto gubernamental que las acusa de propagar “noticias falsas” y “discurso de odio”. Eso fue exactamente lo que pasó en Nepal el 4 de septiembre de 2025. El gobierno, bajo el pretexto de nuevas regulaciones, cortó el acceso a 26 plataformas digitales. Para los jóvenes nepalíes, esto no fue solo un inconveniente; fue un asalto a su realidad cotidiana. En un país donde el desempleo juvenil roza el 20% y miles emigran diariamente en busca de oportunidades, las redes son más que entretenimiento: son herramientas para educarse, organizarse y denunciar la corrupción rampante.

En un mundo donde las redes sociales son el pulso de la generación Z, lo que ha sucedido en Nepal nos obliga a detenernos y reflexionar. Jóvenes nepalíes hartos de un gobierno que les cerró las puertas a la información y la expresión, tomaron las calles de Katmandú y terminaron incendiando el Parlamento. El Primer Ministro KP Sharma Oli renunció el 9 de septiembre de 2025, pero el fuego que ardió en Singha Durbar no fue solo literal: fue el estallido de una juventud que exige no solo hablar, sino también escuchar y saber.

Lo que empezó como protestas pacíficas escaló rápidamente. Estudiantes en uniformes escolares marcharon hacia el Parlamento, exigiendo no solo el fin del bloqueo, sino el derrocamiento de un sistema plagado de nepotismo –esos “nepo kids” que viven de lujos mientras la mayoría lucha por sobrevivir. La respuesta del gobierno fue brutal: gases lacrimógenos, balas de goma y munición real que dejaron al menos 22 muertos y cientos de heridos. Pero la juventud no se doblegó. Irrumpieron en edificios gubernamentales, quemaron residencias de líderes políticos y forzaron la renuncia de Oli. Influencers como Sudan Gurung declararon victoria, y hasta banderas de anime como las de One Piece se convirtieron en símbolos de rebeldía.

En Nepal, el bloqueo no solo limitó la expresión: cortó el flujo de información vital. Jóvenes que dependen de YouTube para aprender habilidades, de WhatsApp para coordinar ayuda comunitaria o de X para seguir noticias globales, se vieron aislados en un mundo cada vez más conectado. Esto enseña que cuando un gobierno cierra esas puertas, no solo apaga voces: apaga mentes.

En México, donde la Generación Z representa un tercio de la población y la libertad de expresión es un derecho constitucional, pero a menudo se ve amenazada por regulaciones opacas y censura velada, esta revuelta nepalí es una advertencia clara. Si no defendemos nuestro acceso a la información, ¿qué nos detendrá de repetir esa historia?

Hemos visto intentos similares de controlar el ciberespacio. Recordemos las discusiones sobre reformas a la Ley Federal de Telecomunicaciones o las presiones para regular plataformas digitales bajo el argumento de combatir la desinformación. ¿Suena familiar? El gobierno nepalí usó excusas idénticas para justificar su bloqueo. Pero la libertad de expresión, consagrada en el Artículo 6 de nuestra Constitución, no es solo el derecho a gritar en una plaza o postear un meme: incluye el derecho a acceder a información diversa y veraz.

Pensemos en las protestas en México, en especial aquellas que se organizaron en redes, amplificando voces que de otro modo serían ignoradas. Si permitimos que el Estado dicte cuáles plataformas operan o qué contenido vemos, estamos cediendo el control de nuestra democracia. La lección nepalí es cruda: la represión genera caos. En lugar de quemar parlamentos, deberíamos promover por las vías institucionales reformas que protejan el acceso libre a la información, así como inversiones en alfabetización digital.

Se trata de equilibrio. Apoyamos regulaciones contra el odio real o la explotación infantil, pero no a costa de las libertades. Nepal ardió porque su juventud fue ignorada. México no necesita llegar a eso. Aprendamos la lección: una democracia vibrante florece en la información libre, no en el silencio impuesto.